miércoles, 23 de octubre de 2019

Cuestiones de confianza: el horror de no haberlas estudiado ni comprendido

Foto: Andina   

La historia correcta la cuentan los historiadores bien enterados, podría sonar lógico tal axioma, aunque no son muy de fiar en estos tiempos, igual que los escritores y otros amanuenses  de la irrealidad impuesta, pues la mayoría defiende una postura que consolidó el Golpe de Estado, y que apaña al gobierno de facto que hoy padecemos. La historia bien contada la contará un Homero del presente, entonces, un trovador de la lucidez, en épocas de pocas luces y con conspiradores a todo tren, que incluyen a intelectuales, periódicos y periodistas alquilados, activistas de la corrección política, artistas del arte del ensañamiento, etc. 
En esta puesta en escena para estrangular la Constitución, se necesitó de la participación de actores y de un buen número de extras y de constitucionalistas confundidos en el mar de confusiones al que fueron arrojados, con sagacidad bien organizada por el Eje Perverso que hoy domina y somete a la opinión pública, la prensa y el aparato judicial. Y en el que a cada sacada de cabeza a la superficie, aparecían encuestas, opiniones, audios contra opositores al gobierno, direccionados a un sólo objetivo. Se construyeron debates, duras polémicas, alrededor de la cuestión de confianza, y algunos hasta dudaron, cuando en algún momento la tuvieron clara, de que haya dos tipos de cuestión de confianza:
1. Cuestión de confianza a iniciativas ministeriales, como la que hizo del Solar antes del Golpe, que no cuenta para una disolución si se le es denegada, y que es facultativa.
2. Y el voto -o cuestión de confianza- a un nuevo Consejo de ministros, que es el que cuenta, y que es obligatorio. Si dos Consejos de ministros recién estrenados y sucesivos no obtienen el voto de confianza cuando se expone y debate la política general del gobierno, el presidente está facultado para disolver el Congreso, artículo 134° de la Constitución.
Vizcarra no tiene ninguna coartada a favor, pues se habla de la facultad del presidente de disolver y no del gobierno ni del mandato. Él cree ser PPK y que ya le habían tumbado un Consejo de ministros.  Lo cierto es que ni a Vizcarra ni a PPK le han tumbado gabinete alguno, en ese acto obligatorio, cuando se presenta un nuevo gabinete ante el Congreso. El primer ministro Zavala antepuso una cuestión de confianza a una iniciativa ministerial, que no cuenta, como he dicho, para nada para una disolución. Podría haber puesto un millón de cuestión de confianzas y nada tendría que ocurrir en un país con constitucionalistas que conocen su Constitución al dedillo.  Pero en un país con gente en los medios de comunicación que siempre buscaron la indefensión del Congreso frente al atropello del Ejecutivo, por razones que alteran el sentido común y la imparcialidad, distorsionar la cuestión de confianza y sus dos tipos les tendría que funcionar, y les funcionó. Reputados constitucionalistas y juristas cayeron en el juego de la distorsión y de sus bocas sólo salían cuestiones de confianzas de una sola característica y que sumaban para el cierre del Congreso. Asimismo, periodistas y analistas bienintencionados, que decían defender la democracia, cayeron en el equívoco y viciaron sus comentarios, al insistir en la cuestión de confianza de un único orden,hasta hoy lo siguen repitiendo. Luego apareció un tal Cairo y apuñaló definitivamente la Constitución y arrastró su cadáver por todos los medios de prensa.  
Nuestra historia quedará marcada con esta aberración que la legitiman los revolucionarios perpetuos, la casta intelectual sin grandeza para que su visión cruce los océanos de la sabiduría y la serenidad; sin dudarlo, caen en el atasco de las ligerezas que traen los momentos y no en la madurez del Tiempo.
Domingo García Belaunde se ha cansado de repetir lo que he descrito sobre la cuestión de confianza, aunque hasta sus alumnos más aprovechados lo han ignorado y han preferido seguir en el callejón sin salida que le ofrece exponerse en los medios de prensa, que cuentan con un staff de juristas y analistas expertos en enredar lo que ya estaba enredado de antemano. Todo es cuestión de sumergirse en las páginas del diario de debates de 1993 e ir al apartado: De las relaciones con el Poder Legislativo, para entender que se ha caído en el error, a estas alturas, en el horror. Por supuesto que los congresistas no supieron defender sus fueros, no supieron defenderse frente al avasallamiento de un demoledor Ejecutivo, ya con el terreno socavado contra el Legislativo. Se asesoraron pesimamente, y también se enfrascaron en discusiones sin sustancia sobre la cuestión de confianza y se perdieron en la vorágine que imponía la prensa. Lourdes Flores Nano, Luz Salgado, Popy Olivera, Roger Cáceres Velásquez, etc., estuvieron en los debates que ayudaron a redactar la Constitución del 93, justo en el punto De las relaciones con el Poder Legislativo, cuyo ponente fue Torres y Torres Lara, quien machacó en que la cuestión de confianza a iniciativas ministeriales no cuenta para una disolución del Congreso. Insistió en que únicamente sumaban las que daban o no la confianza a un nuevo gabinete. Lo dice el artículo 134° de la Constitución, claramente, no hay otras formas de revocatoria del mandato parlamentario. Está en la doctrina, en el espíritu de la Constitución. Y suena razonable, acorde, sensato. Porque el espectáculo de un Ejecutivo dotado de excéntricas prerrogativas, era inconstitucional y rompía todo equilibrio de poderes y la armonía con que debe estar escrita una Carta Magna. El Tribunal Constitucional no tiene nada que discutir al respecto. Irse por las ramas y alargar el tema, sería una traición a la contundencia del artículo 134°. No pueden fallar contra lo que se aprobó en el diario de debates.        
Vizcarra y sus asesores utilizaron para el cierre del Congreso la figura de la cuestión de confianza a iniciativas ministeriales, que es inofensiva, que no produce ningún efecto contrario al Parlamento. Han actuado como los ejecutores de algo que está detrás de ellos y que ordena y somete y cuyos cabecillas estarían entre Vargas Llosa, algunas oenegés y empresarios. Pueden pensar lo que quieran del Congreso, que fue bien cerrado y que en él habitaban forajidos semi-analfabetos. No encuentro madurez en ese razonamiento que ha dado Vargas Llosa, Vizcarra tiene más indicios de ser un corrupto empedernido, y a juzgar por su lenguaje, de tener muy poco apego a los libros, que cualquier congresista. Y con galones para la alta traición. Tampoco es buen alegato para apañar un cierre delictivo, el del Nobel. Detrás de este Golpe de Estado, urdido desde mucho antes de que el de facto asumiera el encargo, se encuentra un poder, el verdadero poder que ha decidido reinar con sus políticas de valores y de género, con o sin Vizcarra, mejor con Julio Guzmán o del Solar, hasta el final de los tiempos gramscianos.  

lunes, 8 de julio de 2019

Fujimorismo de comparsa

  
La actitud de la mayoría de los congresistas fujimoristas ante la evidencia de que su lideresa es una secuestrada política y de que la justicia en el país es un reverendo chiste, y por lo tanto la probabilidad de que no salga libre en los próximos días es altísima, irrita a cualquiera. Son absolutamente torpes e insensibles. Tienen al enemigo bombardeándolos día y noche, y no reaccionan. Se han metido a sus chats, los han expuestos públicamente, los han tildados de una manga de obstruccionistas y conspiradores, y de banda criminal y ni siquiera parecen indignarse, y muchos menos tienen ganas de denunciar esta evidente intromisión al espacio privado que todos debemos respetar. Y si ustedes no hacen respetar su espacio, mucho menos van a hacer respetar el de los que no queremos que el Estado o cualquiera viole la intimidad y privacidad nuestras. 
Sépanlo bien, la prensa no los quiere, los detesta. Se ríen de ustedes y si los invitan, es para tratar de ridiculizarlos. Si está en manos de la prensa eliminarlos, lo van a hacer, son el enemigo público número uno de muchos periodistas e intelectuales. Porque muchos de ellos son activistas de la ideología de género o son amigos de activistas encallecidos y fanáticos. Y por supuesto, el sencillo que les cae del gobierno es también un aliciente para confrontarlos abiertamente. Es muy probable, asimismo, que los medios de comunicación sean financiados por los mismos que financian el activismo totalitario del marxismo cultural.  Porque no existe otra explicación que sólo tengan las tripas atravesadas por un partido en particular.
Para las oenegés de izquierdas, junto al Apra, son la casta política que hay que desaparecer. Jamás les darán tregua, ya lo dijo un líder del IDL. Con mucha mayor razón ahora que el fujimorismo congresal está lleno de gente irresoluta y blandengue y sin agallas para hacerle frente a un enemigo que se jacta de su impunidad.  El fanatismo de los de izquierdas es disciplinado y absolutamente cruel con sus rivales políticos. Ni perdón, ni misericordia ni tregua son sus consignas de   militantes del terror. Porque a punta de terror los han sometido, como al sector de justicia, con amenazas de cierre del Congreso y con el quebrantamiento de la privacidad. Un delito al que no le han hecho frente.
Con la vieja guardia fujimorista como protagonista de esta historia, no imagino que el gobierno y las oenegés se hubieran arrogado derechos que no les corresponden y no hubieran pisoteado instituciones, como hoy lo vienen haciendo. Mal hizo Keiko en tratar de sacudirse del viejo fujimorismo, por pedido expreso de sus enemigos. Sin connotados buques insignias y sin cuadros que te garanticen lealtad, jamás se gana una guerra. Porque esto es una guerra que jamás entendió Keiko, debido a su impericia política. Parece que nunca le contaron que el odio del fanatismo es a muerte y que ellos no tienen sentido del humor.  Los convencidos son crueles por naturaleza. Pero esa es otra historia. La candidez de Keiko en la política, no la vamos a discutir, tampoco la traición en que cayeron muchos de los integrantes de su partido cuando ella cayó en desgracia. Lo que nos queda claro es que está injustamente encarcelada y que sus congresistas nada hacen por liberarla de sus captores, con el agravante que se han sometido al capricho de los secuestradores de su lideresa. Ellos le marcan la agenda, a punta de patadas y amenazas. Parecen no darse cuenta de nada. El fiscal Pablo Sánchez fue cogoteado públicamente por Gorriti en la época de la frase aumentar a Keiko, señalándolo como fujimorista y protector de Keiko, y Vela Barba era un fiscal timorato que no tomaba partido por nadie, por ese entonces. Bastó que tuviera algo de poder para sentirse un seguro militante de la injusticia. La pésima lectura que le dio el fujimorismo al contexto, acabó convirtiendo en enemigo del fujimorismo al entonces fiscal de la nación y que sus subordinados se alíen con los perseguidores del fujimorismo de toda la vida. Terrible error.  Domingo Pérez es un caso aparte. Es militante del fanatismo, como está demostrado.
Ahora, que llegó la hora de la dignidad, se atreverán los fujimoristas a torcer su destino de comparsa de un gobierno que cuando se escriba y se cuente la historia de manera veraz y sin macula, será considerado como un gobierno nefasto y terriblemente corrompido y amoral por donde se le mire y pisoteador de todas las instituciones que se le cruzaron en el camino que le mostraron los promotores de ideologías financiadas con dinero extranjero.  Si no se conmueven con su lideresa en la cárcel, qué les podrá conmover entonces. Es inaudito que no muevan ningún dedo hasta hoy. Ninguna marcha en ciernes. Ningún llamado. ¿Aún creen que la justicia está en buenas manos en este país, y que su lideresa saldrá por la puerta grande, tal como están las cosas? 
 


domingo, 9 de junio de 2019

El entendible espíritu de la Constitución

 

Si la cuestión de confianza planteada por el primer ministro es rehusada o es censurado el gabinete en pleno, y, en ambos casos, si es la segunda vez que esto sucede, el presidente de la república está facultado para disolver el Congreso. Tampoco es que esté obligado a disolverlo. Ojo, no se habla que el gobierno - estamos en el gobierno del partido Peruanos por el Kambio- o el régimen tengan esa facultad, sino el presidente. A no ser que la figura del presidente sea un ente abstracto como el Estado, la SUNAT, el JNE, etc., es decir, que no sea una persona con plenos derechos y obligaciones, sino una especie de cosa que traslada los pasivos y activos a su remplazante. No es éste el caso, porque en la Constitución se precisa la sucesión del vicepresidente ante la vacancia o destitución del presidente. Incluso se habla del vicepresidente como una persona y no como un mero apéndice del presidente. Y la Constitución es bien clara, dice que sólo el presidente está facultado para disolver el Congreso y no el gobierno, el cual comprometería a PPK y a Vizcarra. Si en la Constitución dijera que ante la eventualidad de dos gabinetes censurados por el Congreso, el gobierno está facultado para disolverlo, ni vuelta que darle. Vizcarra hubiera tenido la oportunidad de hacerlo si hubiesen rehusado la cuestión de confianza que planteó del Solar. Aunque por reformas constitucionales es una tomadura de pelo pedir confianza alguna. Pero ése es otro tema. 
Para el doctor Domingo García Belaunde, ni siquiera ha habido una primera censura a gabinete alguno en la época de PPK. No entiendo entonces las caprichosas y descabelladas lecturas que le dan a la Constitución algunos constitucionalistas y expertos, cuando afirman que hubiera sido una segunda censura.  Uno de los pocos que ha leído la Constitución como se debe, es el doctor Aníbal Quiroga.
La cuestión de confianza empezó ha prostituirse con Ollanta Humala. Con PPK fue usada como una amenaza constante al Congreso para que sus ministros no fuesen censurados. Recuerden que el viejo Kuczynski lamentó no haber cerrado el Congreso, como se lo aconsejaban sus aduladores, cuando se dio su renuncia. El uso trivial de esta atribución del Ejecutivo, ha empezado a poner en vilo la estabilidad del país. Urge una regulación. La cuestión de confianza no es un largo hipo como nos quiere hacer creer el gobierno.  El Congreso se la dio, y listo.  El ejecutivo no puede cuestionar las modificaciones y agregaciones que haga el Congreso a las reformas. Intentar una disolución del Congreso, con el cuento que se ha desnaturalizado la esencia de éstas, implicaría la destitución del presidente y la posterior denuncia a los integrantes del gabinete ministerial, artículo 128 de la Constitución.   

sábado, 8 de junio de 2019

Dos versiones de Judas; Marxismo cultural se relame, marxismo radical se impacienta



La idea es que, tras la destrucción del Congreso, a partir del 2021, Julio Guzmán y la Vero Mendoza alternen la presidencia de la república, por lo menos unos veinte años, para así cimentar todo el paquete de las verdaderas reformas que traen entre manos los empujadores y azuzadores de la guerra de desprestigio de la política peruana. Sólo así podrán morir tranquilos Soros y las grandes billeteras que financian el socavamiento de este Perú tradicional y costumbrista y conservador, según la visión de unos iluminados del Nuevo Orden. Aunque la Vero hoy esté coqueteando con la izquierda radical filo-maoísta y con la izquierda chic caviarona. Su alta dosis para la traición, todavía es tenida en cuenta. Maoístas y caviares aguardan la traición de la Vero a cualquiera de ellos, sin ningún rubor. Porque según la narrativa de la historia política, la traición es un elemento indispensable para el fin supremo que se tiene en mente.
 La izquierda radical se impacienta, pide el cierre del Congreso, nuevas elecciones y nueva  Constitución, en cambio, la izquierda pituca parece tenerlo todo controlado, nada más espera el derrumbe total de sus enemigos, para tomar el control absoluto del Estado. La prensa asicariada ha cumplido con el mandato imperativo de desaparecer del hemisferio a los opositores al gobierno.    
Suprimida toda oposición, los cuestionamientos y las duras críticas a la iglesia católica, serán a cara pelada. Cuando los herederos de Gramsci estén en el poder, no habrá medias tintas en el camino de la construcción del Nuevo Hombre, o para estar a tono: El Nuevo Hombre y La Nueva Mujer. La sobrevaloración de la sexualidad llegará a puntos para el espanto, como se ha advertido ya en algunos textos impresos por el ministerio de educación. Textos de pensadores de este tipo de corriente ideológica y crónicas de libertinos extremos serán ensalzados hasta el cielo rojo que iluminará cuando hayan sucumbido los últimos apristas y fujimoristas y los militantes de los partidos no afines a la primavera libertina que se pretende imponer. Escritores y filósofos como Borges y Cioran, serán olvidados y escamoteados adrede. No es de buen uso ponerse a pensar sobre laberintos y existencias, sino únicamente en el cielo plano del libertinaje y la falsa idea de la igualdad. Los disidentes y cuestionadores de las políticas implantadas a fuerza de persecución y campañas de desprestigio, serán acorralados en la fosa donde habitan las plumas más calumniadoras y luego arrojados a la celda donde se les torturará sin clemencia. 
Tras largas décadas de haberse infiltrados en los establecimientos culturales, judiciales, educativos, literarios y de la comunicación, y desde luego sobornado a todo lo que se encontrara en sus caminos, y teniendo a las ongs como sus buques insignias, los seguidores de Gramsci se hallan ahora a un paso del Gran Asalto. Harán lo que sea, ya lo dijeron, para capturar completamente, sin una pieza que se les escape, El Gran Botín que es el Estado. Lo tienen todo, el molde donde esculpirán a ese nuevo ser y la narrativa que le contarán. La silenciosa revolución, tiene pocos oponentes en el terreno de la intelectualidad. Los intelectuales han sido sus obreros, siempre, aunque muchos de ellos no lo sepan.  La batalla para   discrepar con las ideas de los seguidores de Gramsci, siempre estuvo allí, pero casi nadie se dio cuenta. Ahora ellos ya no quieren discutir. Lo que quieren es hacerse con el botín tan anhelado, sin ningún cuestionamiento e imponiendo condiciones.Ya sabemos lo que ocurre cuando se les cuestiona.     


jueves, 9 de mayo de 2019

La arrogancia de la multitud


Una muestra. Quiénes han defendido el correcto manejo de Jorge del Castillo como presidente de la Comisión de Defensa, únicamente los periféricos, una minoría, en la que me incluyo. La prensa de la Gran Sincronía anti-congreso, los voceros del Ejecutivo y, aquí lo inaudito y risible, por su carácter caricaturesco y farsante, los militantes de las ongs anticientíficas han defendido a los policías, según ellos maltratados por unos congresistas de la peor calaña. La multitud siempre trata de sepultar la verdad. De crucificar a los justos. De aplaudir al canalla. Y la prensa de la Gran Sincronía, los voceros del Ejecutivo y los militantes de las ongs anticientíficas son la multitud. En su modo más tramposo, desde luego.

miércoles, 8 de mayo de 2019

Una dictadura todavía dispersa



O sea, hacerle el pare a un oficial de cantina, acostumbrado a torturar gente en las mazmorras de la Diviac y a golpear a sus alumnos cuando era instructor de una escuela de suboficiales, es faltarle el respeto a la policía. Por favor. Bien Jorge del Castillo Es así como se pone orden en una mesa, es así como se muestra virilidad, y no con la actitud sobona, patera de Richard Arce, quien demuestra cuán felipilla es la izquierda ante el poder. Arce, que acaba de proponer una ley cuyo único mérito sería mandarnos al infierno de la anarquía y el desgobierno, seguramente estará esperando que alguien le dé la espalda para apuñalarlo. No me fio de los sobones.  
Ya muy pocas dudas caben, la Diviac es la Gestapo del gobierno, y esa prensa, mayoritariamente anti-congreso, es el despacho del nazi Goebbels. Esta prensa se queja de que unos congresistas le han faltado el respeto a la policía, pero no dice nada cuando un habitante de Fuerabamba le zampa la camioneta a la policía, en un flagrante atentado contra la vida. Nada dice cuando las ongs llevan a los tribunales a la policía, en muchos casos, injustamente. Y claro, esta misma prensa se ha encargado de desprestigiar aún más al Congreso y a los partidos políticos, de manera sistemática y puntualmente, poniendo titulares que muchas veces faltan a la verdad.
Quien quiera verlo que lo vea, ya todo está claro. No tenemos gobierno sino un grupo de intereses empeñado en aniquilar a la clase política, sin siquiera ganarse la victoria derrotando a los otros debatiendo, sino metiendo en cana a gente o persiguiendo a sus enemigos. La Diviac está llena de rufianes, como tiene que ser un escuadrón que opera muchas veces fuera de la ley. Además, no creo que estos agentes sean unos tipos dotados de mucha inteligencia que digamos, son sólo unos robots funcionales, necesarios en un gobierno de cualquier corte. Nunca cuestionarán si trabajan para una dictadura o no. Si les dejan hacer su chamba, estarán más que contentos. No son Sherlock Holmes ni nada por el estilo, porque jamás se han enfrentado a casos realmente complejos. Gorriti se debe estar riendo de estos agentes. Pues todo le resulta tan fácil.
Por otra parte, las ongs siguen metiendo presión al gobierno, y empujan en todos los niveles la famosa ideología de género y todo lo que tenga que ver con La Escuela de Frankfurt y la corrección política. Alegan que el cristianismo fue impuesto a la mala en el continente, y a la mala tiene que acabar.
En este río revuelto, a la prensa le cae plata del gobierno y de los capitales que apoyan la ideología de género y demás yerbas anticientíficas.  Esa es la realidad, una realidad en donde mercenarios e impulsores de un Nuevo Orden Mundial se han coludido para arrastrarnos a la condición en la que nos encontramos ahora. Y en la que el comunismo disfrazado intenta pescar algo más que el poder.

lunes, 11 de marzo de 2019

Drácula en Cañete



Juan Carlos Guerrero 

Judas Iscariote, el viajero del tiempo, quien ha vagado por todas las épocas conocidas de la Historia, con diferentes nombres: El Judío Errante, Atila, Vlad Dracul, etc., recala bajo la investidura del Conde Drácula en Cañete, a través de la pluma de José Alejandro Dulanto Santini, y con el imperativo de poner fin a su condena que sabe de siglos y de milenios de destierro, pero también sabe que en San Vicente de Cañete se encuentra la pareja de vampiros que lo rescatarán de la maldición impuesta.
El escritor José Alejandro Dulanto Santini ha pergeñado un libro, uno de esos clásicos de la literatura que llegan para quedarse, para existir por siempre, para certificar, de una vez por todas, la posición de Cañete dentro del espacio literario nacional.
San Vicente de Cañete, una vez más, se convierte en trasfondo de una narración. En el viejo cine Cañete, comienza el viaje literario. De la mano del autor, el lector se trasportará, como en una película interminable, por los diferentes vericuetos que encierra la novela. No es casualidad que en el viejo cine empiece esta aventura. El personaje que nos describe al San Vicente de Cañete de fines de los sesenta y comienzo de los setenta del pasado siglo, no es otro que el autor en su niñez. Los acontecimientos que en esas épocas ocurrieron, son detallados en la obra. Tampoco es casual que la novela casi termine en el boulevard del pisco, el nuevo centro de esparcimiento de los cañetanos y los turistas, como en antaño lo eran el cine Cañete y el cine San Martin, con un Drácula como frecuente bebedor de pisco, antes de ser redimido de sus pecados de vampiro.
Por ello, y por todo lo que encierra la novela, José Alejandro Dulanto Santini nos acaba de entregar una de esas travesías imprescindibles que la buena literatura está dispuesta a emprender.