sábado, 8 de junio de 2019

Dos versiones de Judas; Marxismo cultural se relame, marxismo radical se impacienta



La idea es que, tras la destrucción del Congreso, a partir del 2021, Julio Guzmán y la Vero Mendoza alternen la presidencia de la república, por lo menos unos veinte años, para así cimentar todo el paquete de las verdaderas reformas que traen entre manos los empujadores y azuzadores de la guerra de desprestigio de la política peruana. Sólo así podrán morir tranquilos Soros y las grandes billeteras que financian el socavamiento de este Perú tradicional y costumbrista y conservador, según la visión de unos iluminados del Nuevo Orden. Aunque la Vero hoy esté coqueteando con la izquierda radical filo-maoísta y con la izquierda chic caviarona. Su alta dosis para la traición, todavía es tenida en cuenta. Maoístas y caviares aguardan la traición de la Vero a cualquiera de ellos, sin ningún rubor. Porque según la narrativa de la historia política, la traición es un elemento indispensable para el fin supremo que se tiene en mente.
 La izquierda radical se impacienta, pide el cierre del Congreso, nuevas elecciones y nueva  Constitución, en cambio, la izquierda pituca parece tenerlo todo controlado, nada más espera el derrumbe total de sus enemigos, para tomar el control absoluto del Estado. La prensa asicariada ha cumplido con el mandato imperativo de desaparecer del hemisferio a los opositores al gobierno.    
Suprimida toda oposición, los cuestionamientos y las duras críticas a la iglesia católica, serán a cara pelada. Cuando los herederos de Gramsci estén en el poder, no habrá medias tintas en el camino de la construcción del Nuevo Hombre, o para estar a tono: El Nuevo Hombre y La Nueva Mujer. La sobrevaloración de la sexualidad llegará a puntos para el espanto, como se ha advertido ya en algunos textos impresos por el ministerio de educación. Textos de pensadores de este tipo de corriente ideológica y crónicas de libertinos extremos serán ensalzados hasta el cielo rojo que iluminará cuando hayan sucumbido los últimos apristas y fujimoristas y los militantes de los partidos no afines a la primavera libertina que se pretende imponer. Escritores y filósofos como Borges y Cioran, serán olvidados y escamoteados adrede. No es de buen uso ponerse a pensar sobre laberintos y existencias, sino únicamente en el cielo plano del libertinaje y la falsa idea de la igualdad. Los disidentes y cuestionadores de las políticas implantadas a fuerza de persecución y campañas de desprestigio, serán acorralados en la fosa donde habitan las plumas más calumniadoras y luego arrojados a la celda donde se les torturará sin clemencia. 
Tras largas décadas de haberse infiltrados en los establecimientos culturales, judiciales, educativos, literarios y de la comunicación, y desde luego sobornado a todo lo que se encontrara en sus caminos, y teniendo a las ongs como sus buques insignias, los seguidores de Gramsci se hallan ahora a un paso del Gran Asalto. Harán lo que sea, ya lo dijeron, para capturar completamente, sin una pieza que se les escape, El Gran Botín que es el Estado. Lo tienen todo, el molde donde esculpirán a ese nuevo ser y la narrativa que le contarán. La silenciosa revolución, tiene pocos oponentes en el terreno de la intelectualidad. Los intelectuales han sido sus obreros, siempre, aunque muchos de ellos no lo sepan.  La batalla para   discrepar con las ideas de los seguidores de Gramsci, siempre estuvo allí, pero casi nadie se dio cuenta. Ahora ellos ya no quieren discutir. Lo que quieren es hacerse con el botín tan anhelado, sin ningún cuestionamiento e imponiendo condiciones.Ya sabemos lo que ocurre cuando se les cuestiona.     


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