Sépanlo bien, la prensa no los quiere, los detesta.
Se ríen de ustedes y si los invitan, es para tratar de ridiculizarlos. Si está
en manos de la prensa eliminarlos, lo van a hacer, son el enemigo público número uno de
muchos periodistas e intelectuales. Porque muchos de ellos son activistas de la
ideología de género o son amigos de activistas encallecidos y fanáticos. Y por
supuesto, el sencillo que les cae del gobierno es también un aliciente para
confrontarlos abiertamente. Es muy probable, asimismo, que los medios de
comunicación sean financiados por los mismos que financian el activismo
totalitario del marxismo cultural.
Porque no existe otra explicación que sólo tengan las tripas atravesadas
por un partido en particular.
Para las oenegés de izquierdas, junto al Apra, son
la casta política que hay que desaparecer. Jamás les darán tregua, ya lo dijo
un líder del IDL. Con mucha mayor razón ahora que el fujimorismo congresal está
lleno de gente irresoluta y blandengue y sin agallas para hacerle frente a un
enemigo que se jacta de su impunidad. El
fanatismo de los de izquierdas es disciplinado y absolutamente cruel con sus
rivales políticos. Ni perdón, ni misericordia ni tregua son sus consignas de militantes
del terror. Porque a punta de terror los han sometido, como al sector de
justicia, con amenazas de cierre del Congreso y con el quebrantamiento de la
privacidad. Un delito al que no le han
hecho frente.
Con la vieja guardia fujimorista como protagonista
de esta historia, no imagino que el gobierno y las oenegés se hubieran arrogado
derechos que no les corresponden y no hubieran pisoteado instituciones, como
hoy lo vienen haciendo. Mal hizo Keiko en tratar de sacudirse del viejo
fujimorismo, por pedido expreso de sus enemigos. Sin connotados buques
insignias y sin cuadros que te garanticen lealtad, jamás se gana una guerra.
Porque esto es una guerra que jamás entendió Keiko, debido a su impericia política.
Parece que nunca le contaron que el odio del fanatismo es a muerte y que ellos
no tienen sentido del humor. Los
convencidos son crueles por naturaleza. Pero esa es otra historia. La candidez
de Keiko en la política, no la vamos a discutir, tampoco la traición en que
cayeron muchos de los integrantes de su partido cuando ella cayó en desgracia.
Lo que nos queda claro es que está injustamente encarcelada y que sus
congresistas nada hacen por liberarla de sus captores, con el agravante que se
han sometido al capricho de los secuestradores de su lideresa. Ellos le marcan
la agenda, a punta de patadas y amenazas. Parecen no darse cuenta de nada. El
fiscal Pablo Sánchez fue cogoteado públicamente por Gorriti en la época de la
frase aumentar a Keiko, señalándolo como fujimorista y protector de Keiko, y
Vela Barba era un fiscal timorato que no tomaba partido por nadie, por ese
entonces. Bastó que tuviera algo de poder para sentirse un seguro militante de
la injusticia. La pésima lectura que le dio el fujimorismo al contexto, acabó
convirtiendo en enemigo del fujimorismo al entonces fiscal de la nación y que
sus subordinados se alíen con los perseguidores del fujimorismo de toda la
vida. Terrible error. Domingo Pérez es
un caso aparte. Es militante del fanatismo, como está demostrado.
Ahora, que llegó la hora de la dignidad, se
atreverán los fujimoristas a torcer su destino de comparsa de un gobierno que
cuando se escriba y se cuente la historia de manera veraz y sin macula, será
considerado como un gobierno nefasto y terriblemente corrompido y amoral por
donde se le mire y pisoteador de todas las instituciones que se le cruzaron en
el camino que le mostraron los promotores de ideologías financiadas con dinero
extranjero. Si no se conmueven con su
lideresa en la cárcel, qué les podrá conmover entonces. Es inaudito que no
muevan ningún dedo hasta hoy. Ninguna marcha en ciernes. Ningún llamado. ¿Aún
creen que la justicia está en buenas manos en este país, y que su lideresa
saldrá por la puerta grande, tal como están las cosas?

1 comentario:
Por un lado los aplicados seguidores de gramsci y por el otro, el destartalado fujimorismo!
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