Artículo 110° de la Constitución.- El Presidente de la República es el Jefe del Estado y personifica a la Nación.
La persona que encarna a la nación en materia política y social, es el Presidente de la República, por mandato constitucional y de las urnas. Él es el ejemplo de nuestras virtudes y nuestros valores como país, los cuales no debe deshonrar en el ejercicio de su mandato.
El Congreso es la representación nacional. En él
reside el debate político, las facultades de legislar o dictar leyes para una
buena viabilidad a futuro de la nación; fiscaliza y realiza control político al
gobierno de turno.
Por alguna desconocida razón, se han
distorsionado conceptos y estrangulado figuras y símbolos que nos debieron
llevar a tierras fértiles, hace mucho tiempo. Pareciera que desconociéramos de
instituciones y de ritos ancestrales y de los valores éticos que debe poseer la
patria. Incluso el significado de la palabra constitución ha sido arrancado del
debate. ¿Alguien se ha preguntado lo que encierra su significado? Creo que
nadie. Con el desconocimiento de las palabras constitución, nación, patria,
deberes, derechos, etc., es muy difícil que un país tenga el futuro que ansía.
Tal vez porque la república nació entre una
disputa de caudillos en la esquina del bar de la Mala Muerte, es que hay
resistencia a considerar a las instituciones y los valores morales como los
pilares de toda sociedad. El culto al caudillaje hace que en cada elección se
busque el nombre a quien considerar el adecuado para enfrentarse al otro, como
si de reyertas de bandos se tratase la cosa y no de una elección entre gente
civilizada.
El Perú parece ser un desierto sin filósofos y
pensadores. Ahora que vivimos en el feudo de periodistas y opinantes
desprovistos de todo sentido ético y de la constitución de una nación, el
origen de personificar a la república, tiene la relevancia de un objeto tirado
en el muladar. La institución presidencial misma ha sido vaciada de contenido,
y se cree que la presidencia es asunto de una persona, y que no hay una línea
de sucesión dentro de la institución. Las virtudes que tiene que encarnar un
individuo en nombre de todo un territorio poblado de habitantes y símbolos y
muertos y espíritus; en nombre del pasado y del futuro y del presente del mismo
territorio, han sido relativizadas, empobrecidas en los últimos tiempos, hasta quitarle
su esencia. Sobre un mandatario recae el peso de una historia que debe honrar
en todo sentido.
La muerte de un país comienza cuando
empresarios, autoridades, políticos, periodistas, intelectuales, religiosos,
etc., aceptan convivir con alguien que ha deshonrado el encargo de personificar
a la nación, negándose éstos al empleo que el sistema de depuración de la
Constitución prevé, y volviendo el asunto en una cuestión de cálculos políticos,
recelos, y en un recreo por la vereda de la conveniencia, y no de la salud moral
de un país, sobre la que toda conciencia humana debe priorizar. Urge enderezar
el camino, no se puede seguir hundiendo al país, de la manera más sórdida, prohibiéndole
e impidiéndole razonar acerca de los principios básicos de una nación.

1 comentario:
"Por alguna desconocida razón, se han distorsionado conceptos y estrangulado figuras y símbolos que nos debieron llevar a tierras fértiles ... " En realidad no es razón desconocida, los comunistas vienen, sutilmente, imponiendo estos cambios, Vizcarra dejó toda sutileza y con el cinismo al tope, desató esta orgía de cambios de conceptos cívicos.
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