lunes, 8 de julio de 2019

Fujimorismo de comparsa

  
La actitud de la mayoría de los congresistas fujimoristas ante la evidencia de que su lideresa es una secuestrada política y de que la justicia en el país es un reverendo chiste, y por lo tanto la probabilidad de que no salga libre en los próximos días es altísima, irrita a cualquiera. Son absolutamente torpes e insensibles. Tienen al enemigo bombardeándolos día y noche, y no reaccionan. Se han metido a sus chats, los han expuestos públicamente, los han tildados de una manga de obstruccionistas y conspiradores, y de banda criminal y ni siquiera parecen indignarse, y muchos menos tienen ganas de denunciar esta evidente intromisión al espacio privado que todos debemos respetar. Y si ustedes no hacen respetar su espacio, mucho menos van a hacer respetar el de los que no queremos que el Estado o cualquiera viole la intimidad y privacidad nuestras. 
Sépanlo bien, la prensa no los quiere, los detesta. Se ríen de ustedes y si los invitan, es para tratar de ridiculizarlos. Si está en manos de la prensa eliminarlos, lo van a hacer, son el enemigo público número uno de muchos periodistas e intelectuales. Porque muchos de ellos son activistas de la ideología de género o son amigos de activistas encallecidos y fanáticos. Y por supuesto, el sencillo que les cae del gobierno es también un aliciente para confrontarlos abiertamente. Es muy probable, asimismo, que los medios de comunicación sean financiados por los mismos que financian el activismo totalitario del marxismo cultural.  Porque no existe otra explicación que sólo tengan las tripas atravesadas por un partido en particular.
Para las oenegés de izquierdas, junto al Apra, son la casta política que hay que desaparecer. Jamás les darán tregua, ya lo dijo un líder del IDL. Con mucha mayor razón ahora que el fujimorismo congresal está lleno de gente irresoluta y blandengue y sin agallas para hacerle frente a un enemigo que se jacta de su impunidad.  El fanatismo de los de izquierdas es disciplinado y absolutamente cruel con sus rivales políticos. Ni perdón, ni misericordia ni tregua son sus consignas de   militantes del terror. Porque a punta de terror los han sometido, como al sector de justicia, con amenazas de cierre del Congreso y con el quebrantamiento de la privacidad. Un delito al que no le han hecho frente.
Con la vieja guardia fujimorista como protagonista de esta historia, no imagino que el gobierno y las oenegés se hubieran arrogado derechos que no les corresponden y no hubieran pisoteado instituciones, como hoy lo vienen haciendo. Mal hizo Keiko en tratar de sacudirse del viejo fujimorismo, por pedido expreso de sus enemigos. Sin connotados buques insignias y sin cuadros que te garanticen lealtad, jamás se gana una guerra. Porque esto es una guerra que jamás entendió Keiko, debido a su impericia política. Parece que nunca le contaron que el odio del fanatismo es a muerte y que ellos no tienen sentido del humor.  Los convencidos son crueles por naturaleza. Pero esa es otra historia. La candidez de Keiko en la política, no la vamos a discutir, tampoco la traición en que cayeron muchos de los integrantes de su partido cuando ella cayó en desgracia. Lo que nos queda claro es que está injustamente encarcelada y que sus congresistas nada hacen por liberarla de sus captores, con el agravante que se han sometido al capricho de los secuestradores de su lideresa. Ellos le marcan la agenda, a punta de patadas y amenazas. Parecen no darse cuenta de nada. El fiscal Pablo Sánchez fue cogoteado públicamente por Gorriti en la época de la frase aumentar a Keiko, señalándolo como fujimorista y protector de Keiko, y Vela Barba era un fiscal timorato que no tomaba partido por nadie, por ese entonces. Bastó que tuviera algo de poder para sentirse un seguro militante de la injusticia. La pésima lectura que le dio el fujimorismo al contexto, acabó convirtiendo en enemigo del fujimorismo al entonces fiscal de la nación y que sus subordinados se alíen con los perseguidores del fujimorismo de toda la vida. Terrible error.  Domingo Pérez es un caso aparte. Es militante del fanatismo, como está demostrado.
Ahora, que llegó la hora de la dignidad, se atreverán los fujimoristas a torcer su destino de comparsa de un gobierno que cuando se escriba y se cuente la historia de manera veraz y sin macula, será considerado como un gobierno nefasto y terriblemente corrompido y amoral por donde se le mire y pisoteador de todas las instituciones que se le cruzaron en el camino que le mostraron los promotores de ideologías financiadas con dinero extranjero.  Si no se conmueven con su lideresa en la cárcel, qué les podrá conmover entonces. Es inaudito que no muevan ningún dedo hasta hoy. Ninguna marcha en ciernes. Ningún llamado. ¿Aún creen que la justicia está en buenas manos en este país, y que su lideresa saldrá por la puerta grande, tal como están las cosas?