Aunque la grave postura del T.C se cimenta en su
total desconocimiento y tremenda ignorancia de lo que es la cuestión de
confianza. Desprovistos de criterios, de sentido común y racionalidad, estos
señores se han pronunciado sobre algo que desconocen, han asumido el papel de
árbitros en asuntos en los que son unos completos ausentes o unos foráneos
perpetuos, por propias iniciativas. No conocen el mundo, más allá de sus
narices. Por eso son afectos a las arbitrariedades.
El sentido, la esencia, el espíritu que introdujo el
ponente de la cuestión de confianza, Torres y Torres Lara, fue
que sólo ante la censura o negación de confianza a dos Consejos de Ministros,
un presidente estaba facultado para disolver un Congreso. Y lo dijo frente a Henry
Pease y otros interesados de que un presidente no se convirtiera en un
monarca sin control. Que quiero decir, que únicamente cuando un nuevo gabinete
solicita el voto de confianza en el momento en que va a exponer y debatir las políticas
que su gestión requiera, y si el Parlamento le deniega la confianza o censura a
este gabinete, y a otro más, el presidente está facultado para hacer uso de la
disolución. No hay otra forma de cerrar el Parlamento
Las cuestiones de confianzas facultativas, no tienen
ningún efecto contra el Congreso. Por lógica y sentido común, no tiene por qué
tenerlas. Si a un ministro o al primer ministro se les ocurre hacer cuestión de
confianza por cualquier asunto de su competencia, y si el Congreso no los
apoya, están obligados a renunciar, sin ninguna consecuencia contra el
Congreso.
En ninguna ley del mundo, el abuso que tú hagas de
una prerrogativa, termina por perjudicar al otro. La cuestión de confianza
facultativa fue diseñada para que el Ejecutivo busque apoyo del Legislativo, en
determinados políticas, y si éste no se suma al pedido, el ministro renuncia y
no pasa nada.
La única manera para que el Congreso se disuelva, es
que abuse de sus prerrogativas en el uso del voto de confianza y la censura.
Como ven. Todo estuvo claro desde el principio. Aun si leyéramos literalmente
la Constitución, encontraríamos que todo está escrito exactamente como
lo he explicado.
El alejamiento del sentido original de la cuestión
de confianza, se dio con el arribo de Cateriano al premierato, en las
épocas del gobierno de Humala. Él y quienes lo apoyaban estrangularon el
sentido prístino de la cuestión de confianza. Siento aprecio por Urviola, García Toma, Ernesto
Álvarez, etc. pero considero que sus planteamientos sobre cuestión de
confianza, tomándolas como una única cosa y con el mismo efecto contra el
Congreso, sirvió de insumo para las posturas radicales de quienes defienden al
gobierno, y cuyos efectos ahora conocemos.
Aunque parezca increíble, los mismos
congresistas promovieron el alejamiento de la cuestión de confianza original.
Como bien dice Natale Amprimo, la soberbia, embadurnada de ignorancia, de
algunos congresistas fue tal, que le dieron curso a una cuestión de confianza
que era inviable como la que presentó Fernando Zavala, quien interpuso esta prerrogativa,
de forma mañosa, por tratar de salvar el pellejo de una ministra de Educación
que iba a ser censurada. Esta suma de horrores del Parlamento, continuarían. Entonces
empezaron a cavar su propia tumba
La distorsión de la cuestión de confianza, en los
medios de prensa, fue clave para que la gente de a pie imaginara que era una
prerrogativa ilimitada que el Ejecutivo tenía en sus manos, y que podía abarcar
los terrenos del Legislativo, incluso chantajearlo sino se sometía a sus caprichos.
Lamentablemente liberales como Jaime Bayly, Aldo Mariátegui y Federico
Salazar, no se empaparon con rigor con el tema en cuestión. Omitieron la
fuente original. Y siempre se refirieron al voto y a la cuestión de confianza
como si fueran la misma cosa y con el mismo castigo al Congreso. La guerra
estaba perdida por ese lado. Cuando se le consultó a Lourdes Flores Nano, una
de las personas que estuvieron en el Diario de debates del 93, sobre el asunto,
fue imprecisa y vaga. La opinión de Domingo García Belaunde, acerca del tema
en discusión, siempre fue ocultada, siendo la voz más autorizada para hablar
sobre asuntos constitucionales. Es el único constitucionalista con trascendencia
internacional y referente de muchos latinoamericanos. Una leyenda viva que merecía
ser escuchado.
Cuando apareció el señor Cairo en la escena
mediática. Ya casi no había mucho que hacer. El Ejecutivo estaba en plan
avasallador y amenazante. Sólo necesitaba la voz que le dijera: Hazlo, porque
la Constitución te lo permite. Por supuesto que era una mentira. La Constitución
jamás avaló este golpe de Estado. Como ya lo he expuesto. El señor Cairo
cumplió con el trabajo encomendado, que era escupir por última vez la Constitución,
y lo hizo tratando de mandar bien al fondo el sentido original de la cuestión
de confianza. En una entrevista que le hizo un periodista oficialista, en un acto
prepotente, ninguneó la ponencia de Torres y Torres Lara y atacó la sabiduría
de Domingo García Belaunde, y se amparó en la escritura literal de la Constitución,
que tampoco es que lo respalde, como lo he dicho.
La voz de Cairo, no es otra cosa que la misma voz de
los cuatro del T.C. Los cinco han esgrimido los mismos argumentos. Arguyendo
una negación de confianza de hecho. Saltándose lo que expresa el sentido de la cuestión
de confianza. Ignorando que ante todo en un país civilizado debe primar el
respeto entre poderes del Estado,- tuvieron la oportunidad de civilizar en algo
al país, y la desperdiciaron- y que nadie invada terrenos que no son de su
competencia. El T.C ha avalado el abuso, ha certificado la Edad del Simio. Ni
invocando a un supuesto interés nacional, se puede permitir que un poder
triture al otro. A no ser que te encanten las tiranías.
