viernes, 17 de enero de 2020

Un Tribunal Constitucional en sus horas de tinieblas



En un acto que certifica, avala e impulsa la barbarie, el Tribunal Constitucional ha declarado la constitucionalidad de la disolución del Congreso. El acto matonesco de del Solar ha sido santificado por la mayoría de los magistrados del Tribunal. Para el T.C no existe separación de poderes, ni pesos ni contrapesos, sino la Injerencia Suprema del Ejecutivo, cuya competencia para meterse en agendas que le son ajenas, sería ilimitada.
Aunque la grave postura del T.C se cimenta en su total desconocimiento y tremenda ignorancia de lo que es la cuestión de confianza. Desprovistos de criterios, de sentido común y racionalidad, estos señores se han pronunciado sobre algo que desconocen, han asumido el papel de árbitros en asuntos en los que son unos completos ausentes o unos foráneos perpetuos, por propias iniciativas. No conocen el mundo, más allá de sus narices. Por eso son afectos a las arbitrariedades.   
El sentido, la esencia, el espíritu que introdujo el ponente de la cuestión de confianza, Torres y Torres Lara, fue que sólo ante la censura o negación de confianza a dos Consejos de Ministros, un presidente estaba facultado para disolver un Congreso. Y lo dijo frente a Henry Pease y otros interesados de que un presidente no se convirtiera en un monarca sin control. Que quiero decir, que únicamente cuando un nuevo gabinete solicita el voto de confianza en el momento en que va a exponer y debatir las políticas que su gestión requiera, y si el Parlamento le deniega la confianza o censura a este gabinete, y a otro más, el presidente está facultado para hacer uso de la disolución. No hay otra forma de cerrar el Parlamento                        
Las cuestiones de confianzas facultativas, no tienen ningún efecto contra el Congreso. Por lógica y sentido común, no tiene por qué tenerlas. Si a un ministro o al primer ministro se les ocurre hacer cuestión de confianza por cualquier asunto de su competencia, y si el Congreso no los apoya, están obligados a renunciar, sin ninguna consecuencia contra el Congreso.
En ninguna ley del mundo, el abuso que tú hagas de una prerrogativa, termina por perjudicar al otro. La cuestión de confianza facultativa fue diseñada para que el Ejecutivo busque apoyo del Legislativo, en determinados políticas, y si éste no se suma al pedido, el ministro renuncia y no pasa nada.
La única manera para que el Congreso se disuelva, es que abuse de sus prerrogativas en el uso del voto de confianza y la censura. Como ven. Todo estuvo claro desde el principio. Aun si leyéramos literalmente la Constitución, encontraríamos que todo está escrito exactamente como lo he explicado.
El alejamiento del sentido original de la cuestión de confianza, se dio con el arribo de Cateriano al premierato, en las épocas del gobierno de Humala. Él y quienes lo apoyaban estrangularon el sentido prístino de la cuestión de confianza. Siento aprecio por Urviola, García Toma, Ernesto Álvarez, etc. pero considero que sus planteamientos sobre cuestión de confianza, tomándolas como una única cosa y con el mismo efecto contra el Congreso, sirvió de insumo para las posturas radicales de quienes defienden al gobierno, y cuyos efectos ahora conocemos. 
Aunque parezca increíble, los mismos congresistas promovieron el alejamiento de la cuestión de confianza original. Como bien dice Natale Amprimo, la soberbia, embadurnada de ignorancia, de algunos congresistas fue tal, que le dieron curso a una cuestión de confianza que era inviable como la que presentó Fernando Zavala, quien interpuso esta prerrogativa, de forma mañosa, por tratar de salvar el pellejo de una ministra de Educación que iba a ser censurada. Esta suma de horrores del Parlamento, continuarían. Entonces empezaron a cavar su propia tumba
La distorsión de la cuestión de confianza, en los medios de prensa, fue clave para que la gente de a pie imaginara que era una prerrogativa ilimitada que el Ejecutivo tenía en sus manos, y que podía abarcar los terrenos del Legislativo, incluso chantajearlo sino se sometía a sus caprichos. Lamentablemente liberales como Jaime Bayly, Aldo Mariátegui y Federico Salazar, no se empaparon con rigor con el tema en cuestión. Omitieron la fuente original. Y siempre se refirieron al voto y a la cuestión de confianza como si fueran la misma cosa y con el mismo castigo al Congreso. La guerra estaba perdida por ese lado. Cuando se le consultó a Lourdes Flores Nano, una de las personas que estuvieron en el Diario de debates del 93, sobre el asunto, fue imprecisa y vaga. La opinión de Domingo García Belaunde, acerca del tema en discusión, siempre fue ocultada, siendo la voz más autorizada para hablar sobre asuntos constitucionales. Es el único constitucionalista con trascendencia internacional y referente de muchos latinoamericanos. Una leyenda viva que merecía ser escuchado.
Cuando apareció el señor Cairo en la escena mediática. Ya casi no había mucho que hacer. El Ejecutivo estaba en plan avasallador y amenazante. Sólo necesitaba la voz que le dijera: Hazlo, porque la Constitución te lo permite. Por supuesto que era una mentira. La Constitución jamás avaló este golpe de Estado. Como ya lo he expuesto. El señor Cairo cumplió con el trabajo encomendado, que era escupir por última vez la Constitución, y lo hizo tratando de mandar bien al fondo el sentido original de la cuestión de confianza. En una entrevista que le hizo un periodista oficialista, en un acto prepotente, ninguneó la ponencia de Torres y Torres Lara y atacó la sabiduría de Domingo García Belaunde, y se amparó en la escritura literal de la Constitución, que tampoco es que lo respalde, como lo he dicho.
La voz de Cairo, no es otra cosa que la misma voz de los cuatro del T.C. Los cinco han esgrimido los mismos argumentos. Arguyendo una negación de confianza de hecho. Saltándose lo que expresa el sentido de la cuestión de confianza. Ignorando que ante todo en un país civilizado debe primar el respeto entre poderes del Estado,- tuvieron la oportunidad de civilizar en algo al país, y la desperdiciaron- y que nadie invada terrenos que no son de su competencia. El T.C ha avalado el abuso, ha certificado la Edad del Simio. Ni invocando a un supuesto interés nacional, se puede permitir que un poder triture al otro. A no ser que te encanten las tiranías.